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¡Nuestra salud NO se vende!

Nuestra Asociación siempre ha defendido y defiende los derechos de las personas con diabetes contra “viento y marea” y, obviamente, el primer paso es  una atención sanitaria de calidad que ahora mismo puede estar en peligro. Las noticias que cada día irrumpen en los medios no son halagüeñas, y por eso queremos recordar que los pacientes con diabetes necesitamos información y formación, educación en diabetes adaptada a cada paciente, recursos para disponer de un buen material de autocontrol y, por supuesto y por encima de todo, buenos profesionales que estén al día, se reciclen y entiendan la diabetes, no siendo zarandeados por el sistema de una manera sistemática. Todo esto nos llevará a menores gastos a medio y largo plazo, económicos y sobre todo humanos, que son los más importantes, recordemos que la mitad de las complicaciones crónicas se deben a la carencia de educación o a una educación diabetológica deficiente.

 Por ello, y porque no se entiende nuestro tratamiento sin esos buenos profesionales, os hago llegar este artículo (antes de ser publicado en nuestra revista)  de uno de ellos sin los que, no lo olvidemos, no estaríamos aquí…

Juan Manuel Gómez Moreno

Presidente de la Asociación de Diabéticos de Madrid

Carta del Dr. Roi Piñeiro, Pediatra del Hospital Puerta de Hierro.

Socio y Voluntario de la Asociación de Diabéticos de Madrid.

Queda una hora para que llegue el 14 de noviembre de 2012, huelga general y hoy me veo obligado a escribir algo sobre lo que está ocurriendo, sobre lo que nos está ocurriendo, a todos.

No importa mi ideología política, tampoco la suya, todos sabemos que estamos en crisis y que son necesarios algunos recortes. No sé cuántas veces me han rebajado ya el sueldo, y no me quejo, y no nos hemos quejado; la mayoría sabemos que, comparado con el resto del país, unos 50.000€ brutos anuales deberían ser suficientes para llevar una vida digna. Sabemos que esta cantidad se duplica, se triplica, en nuestros países vecinos. Sabemos que en Inglaterra podríamos ganar 200.000£ al año, y sin guardias, pero nos quedamos, porque nos gusta nuestro país, porque nos gusta lo que hacemos, porque hay riquezas que no se pagan con dinero, y una de ellas es salvar vidas.

Hay 10 horas de guardias al mes que ya no me paga nadie. Trabajo desde hace años más de 60 horas a la semana, pero aún me llaman por teléfono para preguntarme si se me ha ocurrido librar el lunes después de trabajar 24 horas el sábado. Me quitan días de libre disposición. Me quitan vacaciones. Me asfixian. Me ponen a prueba. Bajo la cabeza y admito que son necesarios los recortes y que, por suerte, aún puedo pagarme un buen solomillo sin preocuparme de si llegaré o no a fin de mes. Olvídense de coches deportivos, vacaciones de lujo asiático y del golf los fines de semana. Quizás los médicos de antes. Ahora no. Ahora incluso tengo compañeros que, con cinco bocas que alimentar, no llegan a fin de mes. No es broma. Ojalá fuera broma.

Y no nos quejamos. No podemos quejarnos. No debemos quejarnos.

Durante los últimos años los jefes de varios hospitales públicos de nuestra nación se han estado reuniendo con políticos para idear planes estratégicos que aumenten la eficiencia de nuestro Sistema Público de Salud. Los expertos han estado asesorando a los ejecutores para que el día de mañana todo siga siendo como ayer, para que los médicos podamos curar a los enfermos sin preguntar primero cuantos billetes llevan en la cartera. En estos días inciertos, empiezo a creer que todo ha sido en vano. En meses como este sólo se me pasa por la cabeza una idea: ¿cómo explicaré a mis hijos que, cuando ellos eran pequeños, tuvimos una Sanidad Pública gratuita y de calidad que no supimos mantener?

Para ser médico hace falta mucho esfuerzo. Para ser médico se exige cierta capacidad intelectual, suficiencia para enfrentarse a millones de síntomas, seleccionar un conjunto de ellos para acercarnos al diagnóstico y apretar la tecla adecuada para conseguir la curación. Por desgracia somos humanos, a veces nos equivocamos, y que no quepa duda a nadie, pagamos por nuestros errores. Si no fuera así ¿qué necesidad tendríamos todos de contratar un seguro de responsabilidad civil? Da igual, vivimos sabiendo que podremos ser famosos villanos por un error y ángeles desconocidos por un millón de aciertos. Es lo mismo, no queremos fama. Nos gusta curar. Nos gusta devolver sonrisas a la vida. Así es nuestra profesión.

Para ser político también hace falta mucho esfuerzo. Hay que tener voluntad de trabajar para el pueblo, para cada ciudadano en particular, buscar su bienestar en las mejores condiciones de cada momento histórico, y además poseer los conocimientos técnicos que requiera cada cargo. La carrera universitaria quizás sea lo de menos, cualquiera puede llegar a ser presidente, consejero o diputado. Realmente ser político es toda una responsabilidad y sólo los mejores de cada sociedad deberían poder optar a ello. Sin embargo, ¿cuál es la situación actual? Hoy lo más importante es la labia, tener el genio suficiente para convencer a millones de ciudadanos que, en democracia, te eligen libremente. Da igual lo que prometas, da igual lo que hagas después, lo importante es ganar, como si esto fuera un partido de fútbol. No existe espíritu crítico ni siquiera por parte de los votantes; el penalti lo es o no lo es en función del color de la camiseta del equipo, nadie se para a analizar si la infracción es punible. En los tiempos que corren es probable que ni siquiera ese genio del que hablo sea necesario, quizás baste con no ser peor que el otro; y por supuesto hay que disponer de dinero, de mucho dinero, para gastar en majestuosas campañas electorales.

Y descrita esta situación ¿Quién gobierna nuestra salud? ¿Quién decide qué es lo mejor para curar a nuestro pueblo? ¿El que mancha su bata de sudor día a día y descansa soñando cómo sanar ese caso incurable? No. Decide el político. Porque él tiene el poder de cambiar las cosas, estén bien o mal, se equivoque o no, descansando con la tranquilidad de que, en el peor de los casos, cuenta con la inmunidad de su Gobierno, con anticuerpos que son capaces de tapar cualquier grieta y de callar a cualquier ciudadano disgustado.

Un día por la mañana te levantas y descubres que uno de esos individuos ha decidido privatizar seis hospitales públicos, que quiere desmantelar otros dos, que va a mover las fichas de los facultativos a su antojo como si no existieran los equipos de trabajo, como si un neurólogo tuviera los mismos conocimientos que un pediatra o un microbiólogo. ¿Qué más da? Son médicos, ¿no? Todas las decisiones se toman sin tener en cuenta los planes estratégicos comentados anteriormente, o peor aún, utilizando dicha información con propósitos que prefiero no adjetivar. Como médico, da la impresión que todo eso se les ha ocurrido en una sola mañana mientras relajadamente tomaban un café, en una mañana en la que nadie se ha planteado las consecuencias de sus decisiones.

El problema de fondo no es que nos quedemos sin trabajo, ni que ganemos más o menos dinero. El problema de fondo es que poco a poco desaparece la Sanidad Pública, es innegable, nada tiene que ver con el color de la papeleta que introdujiste en una urna hace un año.

La salud nunca podrá ser un negocio rentable, ya que en el momento que lo es hay un enfermo que no ha recibido su tratamiento porque no ha podido pagarlo. ¿Cómo va a ser rentable este negocio? Es imposible, nunca lo ha sido, las enfermedades están ahí fuera para jugar con nosotros en este mundo a ver quién vive más. No se puede asegurar que un mes ingresarán 100 pacientes y que al mes siguiente sólo 50, o más de 150. No podemos pensar en cuánto nos ahorramos si retiramos una vacuna, puesto que a continuación gastaremos más al no prevenir la enfermedad frente a la que estábamos vacunando. La salud no sigue las mismas leyes de empresa que buscan los inversores. Si el líder del hospital es un potentado en busca de más beneficios económicos, está claro que no sanaremos si no somos rentables. Si el líder es un Estado de Derecho ordenado en torno a la constitución del año en que nací, entonces nuestra cura no se calcula, no se cotiza, no se resta, no se suma, nuestra cura forma parte de un Sistema Público de Salud en el que yo te la pago hoy para que tú me la pagues cuando yo lo necesite. Esto, que nos compensa a todos, parece que no es rentable para algunos políticos.

Vayamos ahora al mundo de las personas con diabetes. Incluso con el sistema público actual, no exento de errores, no todos somos iguales. Yo, que insisto en no quejarme de mi situación económica, me puedo permitir un sensor continuo de glucemia. Soy un privilegiado porque me lo puedo pagar. Muchos de los que están leyendo esto no pueden gastarse más de 3.000€ anuales en su propia salud. Digamos que, de momento, esto del sensor de glucemia es un pequeño lujo que ya veremos si realmente es rentable (porque no voy a decir que ya se ha comprobado que lo es para no entrar a debatir por qué demonios no todas las personas con diabetes pueden beneficiarse de ello).

Imaginemos ahora nuestro mundo sin Sanidad Pública, o vayamos a EEUU a preguntar cómo les va a las personas con diabetes pobres. ¿Insulina? ¿Bomba de insulina? ¿Agujas? ¿Tiras reactivas? ¿Fármacos? ¡Todo está disponible! ¡Libre mercado! ¿Cuál es el problema? Pues básicamente que si a tu seguro privado de salud no le sales rentable, ya puedes ir olvidándote del autocontrol, y también del auto, puesto que para bajar la glucemia vas a tener que correr un rato. Todo está disponible, siempre y cuando lo puedas pagar.

La Medicina que yo estudié no entiende de ricos ni pobres. El mundo está claro que sí lo diferencia, no vamos a negarlo ahora, pero si has tenido la suerte de nacer o vivir en España, si has podido visitar a tu médico siempre que has querido, ¿qué haces ahí sentado? Sal a la calle y lucha con nosotros por lo que es tuyo, por tu salud, por ti y por nosotros. Una cosa son los recortes, otra cosa es que nos quiten aquello por lo que nuestros padres y nuestros abuelos lucharon. Ellos nos dieron una vida mejor. Yo a mis hijos quiero darles lo mismo.

Es 14 de noviembre. Veinticuatro horas más para mejorar el mundo, o al menos intentarlo. Suerte a todos.

Dr. Roi Piñeiro Pérez

Pediatra del Hospital Puerta de Hierro

 (Majadahonda)

Socio nº 7944 y voluntario

de la Asociación de Diabéticos de Madrid

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