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Entrevista a Mercedes Galindo · La Educación Terapeútica en Diabetes en España

Foto Mercedes Galindo (1)

  •  “La educación terapéutica en diabetes no es un gasto, sino una inversión”
  •  “El perfil del educador en diabetes necesita reconocimiento académico”
  • “La educación terapéutica en diabetes es clave para el fortalecimiento del pacientes”
  • “El educador en diabetes también debe quitarse la bata y establecer una relación de empatía con el paciente”

Mercedes Galindo, enfermera en el Hospital Universitario Clínico San Carlos de Madrid y vocal de la Sociedad Española de Diabetes (SED),  desarrolla con gran interés el ejercicio y la promoción de la educación terapéutica en diabetes (E.T), una empresa difícil por la mentalidad que tradicionalmente se vive en la sanidad española, de inercia aun, a cómo abordar las patologías crónicas, pero más necesaria que nunca ahora que el fortalecimiento de la persona con diabetes es una necesidad acuciante para hacer posible su auto-cuidado.

Pregunta.- Parece una obviedad, pero exactamente ¿en qué consiste la educación terapeútica?

Respuesta.- Efectivamente, puede parecer una obviedad, pero en realidad se trata de una parte imprescindible dentro del proceso del tratamiento ya que hace que este  sea eficaz, además revierte en un mejor control metabólico, posibilita mejor calidad de vida, al fortalecer a la persona y hacerla más independiente y mas adherente en su autocuidado, especialmente para las personas con DM2, ya que en este tipo de diabetes muchas personas no asumen con claridad ni su enfermedad ni por tanto la necesidad de autocuidado y cambios de hábitos. Las personas que tienen DM1 (diabetes tipo 1) no tienen más remedio que concienciarse desde el momento del debut. A grandes rasgos, se trata de establecer una relación con el paciente, enseñarle a convivir con su patología y trasladarle conocimientos y habilidades en función de sus aspiraciones, circunstancias y expectativas vitales para que puedan hacer una vida óptima y 100% normal.

P.- Hay quien puede pensar que convivir con la diabetes es relativamente sencillo y que esto no es más que una manera de agobiarles.

R.- No es así, se trata de hacer fuerte, al paciente para que cojan las riendas de su diabetes, que la controlen en lugar de que esta los controle a ellos. En definitiva, la educación es parte de su tratamiento. Beneficia a los pacientes y sus familias y repercute positivamente en el sistema sanitario.

P.- ¿Cómo se articula la educación terapéutica en nuestro país?

R.- Ése es el gran problema, aunque existen guías con criterios marcados a la hora de implementarlos en ocasiones no hay criterios homogéneos. Cada centro sanitario lo organiza como cree y fundamentalmente como puede en función de sus recuursos. Hay gente muy cualificada haciendo esta tarea, pero el perfil del educador en nuestro país no está reconocido. Se está llevando a cabo en muchas condiciones, sin los recursos, suficientes; con muchas dosis de voluntarismo; algo que a la larga no resulta efectivo porque puede acabar quemando al profesional.

P.- ¿Y cuál es ese perfil de educador?

R.- Según las guías ADA, NICE, DESG o IDF, que sí contemplan la figura del educador, consideran que puede realizarlo cualquier profesional sanitario debidamente cualificado, que tenga relación con personas con diabetes, que puede y debe de hacerlo. Esto abarca desde nutricionistas, endocrinólogos a podólogos, pasando por farmacéuticos y, lógicamente, enfermería, que es el profesional que habitualmente  realiza esta función y porque es quizá la que suele establecer una relación más directa con el paciente. Lo ideal es que el equipo marque los criterios y objetivos de la E.T. y cada uno dentro de sus competencias lo desarrollen.

P.- ¿Y el del educado?

R.- Lógicamente los pacientes, puesto que son los que tienen la diabetes, pero es fundamental que la educación la reciban también los familiares y el entorno cercano a la persona porque el ámbito que le rodean en muchas ocasiones pueden llegar a ser muy determinantes.

P.- Es una cuestión de multiplicar las posibilidades de éxito terapéutico.

R.- Lógicamente. Si a los pacientes les enseñas una cosa, pero luego en casa le dicen o se hace otra diferente el seguimiento y la adherencia se complica. Por otro lado, sobrellevar el día a día de esta patología tan condicionada por los hábitos de vida no es sencillo. Hay muchos momentos en los que el paciente necesita ánimo, apoyo y soporte y en esos momentos el entorno es fundamental; por eso tienen que estar debidamente formado.

P.- Por esa regla de tres todos deberíamos tomar buena nota.

R.- Por supuesto. En los centros educativos, laborales y en general el resto de la sociedad debería tener unos conocimientos acerca de cómo actuar no solamente ante una emergencia [una hipoglucemia, por ejemplo], sino en el día a día; en un comedor escolar, una excursión, una jornada deportiva…

P.- ¿Tan desinformados estamos?

R.- Lamentablemente sí. La diabetes tiene una dimensión social generalmente desconocida y esta falta de formación nos ha llevado a que las personas con diabetes en ocasiones sufran un estigma basado en la pura ignorancia. Parece mentira, pero hay gente que aún no puede decir en el trabajo porque no les contratan o no les renuevan. Los empleadores entienden que se trata de una persona enferma que va a faltar mucho al trabajo, cuyas labores cotidianas, además, se van a ver afectadas, esto es erróneo y no es así.

P.- ¿Cómo debe ser la educación terapéutica ideal?

R.- Debería estar articulada a través de unidades asistenciales de referencia en las que el personal o el equipo, tuviera una formación puntual y permanente sobre E.T con una acreditación reconocida y valida a la hora de optar a un puesto de trabajo. Hay muy buenos profesionales y muy buenos centros en nuestro país y el siguiente paso sería la acreditación de los mismos en base a  unos programas educativos estructurados y los recursos necesarios para que se generalizaran muchos más.  

P.- En esta época marcada por los recortes parece difícil.

R.- Lo es, pero como pasa con tantas otras actuaciones sanitarias, la educación ha de medirse no en términos de gasto, sino de inversión a medio y largo plazo. Está comprobado que las personas que reciben una educación adecuada controlan mejor su enfermedad, sufren menos ingresos, consumen menos recursos sanitarios y, en definitiva, ahorran dinero al sistema sanitario.

P.- ¿Y en cuanto a la manera de impartirla qué pediría?

R.- Pues además del reconocimiento de la figura del educador que ya hemos comentado, tendríamos que cambiar de mentalidad en el sentido de colocar; a la persona con diabetes y a su familia dentro del equipo y del proceso, adaptar e individualizar la E.T a sus necesidades y expectativas, tanto clínicas como psicosociales, no instalarnos en la teoría y acercarnos un poco más a su realidad, desarrollar la empatía. Decir las cosas y dar consejos es fácil, pero es necesario que nos quitemos la bata y establezcamos una relación más allá de la puramente formativa.

P.- Esa también será una clave del éxito

R.- Definitivamente. El paciente ha de tomar conciencia y participar en el manejo y toma de control sobre su diabetes y, por supuesto, tomar ciertas decisiones. Quizá el hecho de tomar medicamentos o pincharse insulina no admita mucha discusión, pero otras muchas cosas sí y hemos de favorecer que esta implicación se produzca.

P. – ¿Cómo ves el papel de las Asociaciones de pacientes como prolongación de la educación terapéutica de los médicos y enfermeras especialistas en diabetes? “

R. – Este es un tema controvertido y por ello es importante tenerlo claro. Todos debemos formar un tándem y estar implicados en la E.T. de las personas con diabetes, pero hemos de formar un gran equipo y complementarnos, las asociaciones tienen un papel fundamental para aglutinar a las personas con diabetes y propiciar actividades o reivindicaciones concretas, pero siempre sin suponer injerencias dentro de la actividad clínica o educativa que se realizan en los centros asistenciales, creo que hasta el momento esto se hace correctamente. El objetivo de las asociaciones más que realizar ellas mismas la E.T (y en ocasiones lo puedan hacer), es exigir y velar porque todas las personas tengan las mismas posibilidades de recibirla con independencia del lugar donde vivan y del centro de referencia al que pertenezcan. También las asociaciones pueden jugar un papel importante en la concienciación social y en el apoyo sobre temas jurídicos que algunas personas por el hecho de tener diabetes sufren. Y como no, en el apoyo y asesoramiento hacia las personas que por no tener regularizadas su situación y tener diabetes, sufren situaciones difíciles y de clara desigualdad.

Entrevista realizada por Alejandra Rodríguez  ( Twitter@ArpComunicacion ), periodista especializada en salud, para la Asociación de Diabéticos de Madrid

Fuente: Asociación de Diabéticos de Madrid

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