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Insulina y glucagón: la termolabilidad me agota…

solnubeGuárdala en la nevera.  Aún está muy fría. Ya no sirve. Demasiado calor. Tíralo a la basura. Caducó. Tiene mal color. Huele diferente. Ah… ¿pero huele? Te lo dije, pero nunca me haces caso… etc., etc.

Una de las cosas que personalmente más me agota de la diabetes es que todos los no diabéticos, endocrinólogos incluidos, te dicen lo que tienes que hacer, cómo debes vivir, qué comer, qué no comer, qué beber, qué no beber… los mismos que cuando te tomas una copa te miran de reojo pensando: “Se está matando, qué inconsciente…” Los mismos que cuando disfrutas unas natillas y estás llegando al orgasmo de ese sublime sabor a vainilla, te escupen: “Joer macho… qué falta de voluntad…” Bueno, cansa pero es llevadero… en el fondo te quieren, si no fuera así no les molestaría que lo hiciéramos. Pensándolo bien sería peor algo así como: “Vengaaaa… ¡Otra tableta de turrón y un trago de leche condensada! ¡Quiero ver cómo orinas miel!”.

Pues el caso es que con el tema de cómo transportar la insulina y el glucagón todo el mundo sabe y opina, pero aquí el problema es diferente porque muy pocos saben, y los que dicen saber saben poco, porque en esto de la termolabilidad (la alteración de cualquier sustancia por el calor o el frío) y la caducidad de los productos, la verdad absoluta no existe. ¿Qué pasa con millones de medicinas y alimentos caducados? ¿Se tiran? No. Muchos se van a África, en un falso ejercicio de solidaridad propio del primer mundo. Pero el caso es que muchas veces, en mitad del desierto a 50º C a la sombra… ¡los medicamentos funcionan!

En primer lugar vayamos a “lo que dicen los que saben”. Las insulinas que se están usando, en general, se pueden mantener a temperatura ambiente 28 días. Las que no se están usando deben mantenerse refrigeradas (nunca congeladas). Digo en general, porque luego cada insulina tiene su peculiaridad y unas aguantan más que otras. El glucagón se puede mantener a temperatura ambiente hasta 18 meses, pero en su envase original, sin mezclar el polvo blanco con el agua estéril. En cualquier caso, el glucagón es mejor mantenerlo refrigerado. Hay que tener en cuenta que su uso es excepcional y que lo que tenemos que llevar siempre con nosotros son caramelos y buenos amigos que sepan que somos diabéticos, no el glucagón.

Ahora realizaremos una crítica a este último párrafo. ¿Qué es temperatura ambiente? Pues al parecer entre 15 y 25º C. De acuerdo; entonces yo, por ejemplo, que llevo una bomba de insulina, cuando salgo de mi casa en  invierno debería llevar la bomba protegida con un pequeño radiador, mientras que en verano debería cargar con un sistema de aire acondicionado portátil. O eso, o ¿se me estropea la insulina? Pues va a ser que no.

Hombre Viaje · ImageryMagestic · FreeDigitalPhotos

Así que pasemos al segundo lugar, a “lo que decimos los que sabemos menos pero estamos más acostumbrados a ver lo que pasa”. Es decir, al uso del sentido común. ¿Debo echar nieve directamente sobre la insulina que estoy usando o meterla dentro de un lago congelado? ¿Y si pongo la calefacción del coche a 35º C? ¿Por qué no me da por poner la insulina en la toalla y jugar con la lupa a ver si centro los rayos del sol en la “H” de la palabra Humalog? ¿Dónde he dejado mi nevera portátil?, saca todas las cervezas que tengo que meter mi vial de Lispro.

Intento ser chistoso para que nos relajemos con este tema. Con independencia de la situación térmica, lo que debemos saber es que si después de comer tenemos una glucemia de 300 mg/dL, hemos hecho bien los cálculos, y dos horas después de una corrección seguimos en 300, es muy probable que la insulina que estamos usando esté mal, y muy aconsejable cambiarla. Igualmente si el vial tiene un aspecto raro, con grumos o gelatinoso, también parece recomendable no usarlo. Hay que tener en cuenta además que las insulinas de acción ultrarápida, rápida o el propio Lantus pueden tener un aspecto transparente normal y aun así no funcionar bien.

¿Qué más cosas debemos evitar? Pues lógicamente dejar la insulina a pleno sol o en un lugar en el que pueda congelarse. ¿Y si me pongo la insulina directamente desde la nevera? Esto es algo relativamente habitual y no es muy recomendable, puesto que el frío puede hacer que la inyección sea más dolorosa y la absorción de la insulina puede ser más lenta.

Y en el día a día, ¿qué consejos puedo dar? Pues vivir con la diabetes, y no para la diabetes, como tantas veces he aconsejado; estar al tanto, siempre en alerta de que algo puede ir mal, pero sin agobios, que esto es muy largo, y o nos relajamos un poco o al final nos agotamos… 😉

Roi Piñeiro · Socio Asociación de Diabéticos de MadridAutor: 

Dr. Roi Piñeiro, Pediatra del Hospital Puerta de Hierro.

Socio y Voluntario de la Asociación de Diabéticos de Madrid.

Imagen sol y nubes: Twoobe/FreeDigitalPhotos.

Imagen chico mochila: ImageryMagestic / FreeDigitalPhotos.

Una respuesta

  1. Gracias por vuestros consejos, pero me gustaría aclarar una duda. Si yo meto la insulina que estoy usando en la nevera, la saco algún tiempo antes de inyectarme para que adquiera la temperatura ambiente y después la vuelvo a meter en la nevera hasta el día siguiente ¿es correcto?. Lo pregunto porque tengo dudas si el cambio constante de temperatura puede afectar a la insulina.

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