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Este año le/la mando de campamentos… ¿o no?

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Esta es, probablemente, la duda más extendida entre los padres de debutantes en diabetes cuando se acerca el verano. En nuestra larga experiencia asociativa podemos afirmar que en más del 80% de los casos los campamentos son beneficiosos para los niños y los jóvenes. La educación en diabetes ha de parecerse lo más posible al resto del sistema educativo (método, valores, relaciones sociales, etc.) que hayamos decidido adoptar para educar a nuestros hijos. Es básico considerar que nuestro hijo es tan capaz de ir aprendiendo y manejando el tratamiento de la enfermedad como aprende lo no relacionado con ella en su día a día, igual que un niño sin diabetes aprende las tareas de su vida cotidiana. Pero los niños aprenden en gran medida por imitación de los modelos con los que conviven: los padres, los hermanos mayores, los profesores, etc. por tanto vuestra actitud como padres frente a la diabetes determinará cómo se van a comportar vuestros hijos en relación a su enfermedad.

En nuestro caso, unos magníficos modelos a seguir y con los que hacer amistad son aquellos que saben, manejan y viven con diabetes desde hace tiempo. Asistiendo a los campamentos, los chavales se relacionan con otros que viven las mismas o parecidas situaciones todos los días, normalizando así su realidad, pero además observando y aprehendiendo cómo lo hacen aquéllos que ya saben convivir bien con ella. Lo que se aprende y se vive con otros diabéticos (entre iguales y con monitores expertos) no se puede encontrar fácilmente en otro lugar: gente que vive con diabetes y saben cómo ser felices con ella.

Lo más básico de la educación diabetológica es el aprendizaje de la autonomía en el tratamiento sin sentirse diferente por ello: dieta, insulinas, controles de glucemia… que es lo que verdaderamente da seguridad en uno mismo en cualquier entorno (familia, colegio, amigos). A algunos padres les asusta dejar a los chavales que cometan sus propios errores, porque tratamos de ser buenos padres y eso, en nuestra sociedad, conlleva de fondo ideas como: mi obligación es cuidarle, guiarle…, debo protegerle de los errores, los fracasos, las penas… Sin embargo, estas ideas definen por sistema a tu hijo como un ser desvalido e incapaz para dirigir su propia vida en el futuro. Por lo tanto, estas ideas contribuyen a que el niño tenga una pobre imagen de sí mismo y también destruyen la autoestima de los padres, porque establecen una tarea en la que solo es posible fracasar.

Absolutamente todos tenemos que enfrentarnos a peligros en la vida y en el mundo: una hipoglucemia, un accidente de tráfico, un ingreso en el hospital, un atraco… Razón de más para que nuestros hijos aprendan a ser responsables de sus actos cuanto antes. La única protección de que dispondrán ante los peligros a los que puedan enfrentarse, ahora y en el futuro, es su sentido común y el saber que les corresponde a ellos detectarlos y, ante estos, tomar las decisiones adecuadas.

Amar a tu hijo es básicamente enseñarle a vivir, y eso es precisamente lo que él necesita de ti: amor y la oportunidad para afrontar situaciones que le permitan aprender a vivir su propia vida, que es lo que en esencia se aprende en los campamentos y otras actividades de la Asociación.

¿Cómo es el refrán? “Los hijos no vienen con manual de instrucciones”. Es cierto, de hecho educar a los hijos, hacer de ellos unas personas dignas, decentes y fuertes es uno de los trabajos más difíciles y duros que una persona puede elegir en la vida. Pero hoy tenemos mucha información para hacerlo lo mejor posible sin que necesitemos hacer una carrera de grado para ello.

Por otro lado, en la Asociación tampoco vamos de infalibles ni de sabios. Entendemos vuestros sentimientos (hemos pasado por ello). Sabemos, que tras el debut en diabetes o cuando vemos a nuestro hijo más inestable o simplemente la sensación de soltar las riendas de su tratamiento, en fin, dejarlo solo y en otras manos que no son las nuestras en el fondo da miedo e inseguridad. Además algunos también os encontrareis a profesionales sanitarios que no están de acuerdo con lo que los chavales aprenden en los campamentos. Veamos algunos pros y contras para poder decidir mejor:

Potenciales perjuicios que os van a citar para que no vayan de campamentos:

  • Posibilidad de aprender malas rutinas o trasgresiones de otros niños. Sin duda existe esa posibilidad, la ventaja es que será en un medio supervisado por monitores la mayoría de ellos con diabetes y expertos, en un entorno donde no tienen mucho sentido las trasgresiones pues no constituyen ningún mérito, todos son iguales. Los niños que se rebelan y desbordan en un campamento suelen ser aquéllos más sobreprotegidos en casa, donde no se les deja espacio ni margen para hacer lo que los demás niños, o sea ser como los demás.
  • Desestabilización de la enfermedad por el cambio que supone en la vida diaria. Cierto también, pero eso ocurre inevitablemente cada vez que los chavales acaban el colegio o salen de vacaciones o de excursión. En los campamentos eso será algo controlado por los sanitarios (médicos/enfermeros). Así los chavales aprenden, para que los futuros cambios en otras ocasiones no descontrolen su diabetes, ni les limite para otras actividades.
  • Además la vuelta a casa puede suponer roces con los padres precisamente por lo que han aprendido en el campamento (nuevas rutinas, otras más adaptadas a situaciones variables, etc.), lo que significa que la familia ha de reciclar sus conocimientos en diabetes y cómo manejarla en distintas situaciones y etapas evolutivas de sus hijos. Pero, claro, eso será importante y bueno a lo largo de toda la vida.

Es interesante hacer un balance serio para decidir, porque algunos beneficios de los campamentos no los encontramos en ningún otro sitio, como:

  • Aprender a no ser diferentes a causa de la diabetes y que pueden hacer de forma responsable casi todo lo que hacen los demás.
  • Algo no muy usual en otras situaciones de aprendizaje: conjugar teoría y práctica sobre la diabetes con la que conviven cada día, y eso implica que se absorba/cale mejor el aprendizaje así recibido.
  • Para aquéllos que ya han asistido a campamentos antes suelen tener un gran atractivo e interés educativo: reencontrar amigos y conocer otros nuevos, reciclar los conocimientos y rutinas útiles en diabetes, estar al tanto de nuevos avances y tecnologías, incluso ir formándose para poder ser monitores de campamentos en el futuro con lo que conlleva de valores y actitudes como la responsabilidad, la solidaridad, enseñar a otros a vivir mejor, etc.
  • Expresión de experiencias y vivencias entre iguales, con todo lo que psicológicamente supone de ventilación emocional como método preventivo de trastornos posteriores.

Autores: Ana Tejedor, Asesoría Psicológica A.D.M. y Dr. Roi Piñeiro Pérez, Pediatra del Hospital General de Villalba

Fuente: Revista Entre Todos

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