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Psicología, complicaciones: “Siempre podría ser peor…”

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“Siempre podría ser peor, podría diluviar…” dice Teresa en tono irónico.

Teresa tiene 59 años y hace cuatro que le diagnosticaron una diabetes tipo 2. Nunca ha perdido el sentido del humor, pero, cuando hoy le hago recordar esos días, se pone seria y me cuenta cómo, cuando le hacían el chequeo anual de empresa, le cayó como una losa la noticia de que tenía “el azúcar alto”. Le explicaron que eso podría justificar su cansancio, su visión borrosa y tensión arterial alta. Y, aunque los primeros días se lo ocultó hasta a su marido, no tuvo más remedio que acudir a su médico donde, además de confirmarle la diabetes, le diagnosticaron oficialmente hipertensión y algunos microaneurismas en la retina del ojo derecho, que hubo que tratar con láser. Hoy con una sonrisa torcida dice que: “aun así, casi llevo peor los calambres y las quemazones de los pies por la noche, pero, aunque me cueste dormir, aquí tenemos la gran suerte de ver el sol bien a menudo (te lo digo yo que he vivido en Noruega 10 años y si me pasa esto allí me muero…)”.

Ramón en cambio no lo lleva muy bien. Tiene una diabetes tipo 1 de muy larga evolución (“40 años, que se dice pronto”) y dice que él ya tiene el vaso lleno, que no le cabe una gota más. Que está “muy cansado, física y mentalmente”. Lo ve con otros ojos, dice que: “lo veo con los ojos de quien ha vivido mucho tiempo con una enfermedad, que antes no era fácil de manejar y en un círculo en el que había que ocultarla haciéndose el fuerte, por eso he acabado teniendo problemas de todo tipo, que ahora ya desbordan mi aguante”. […]

Vivir con diabetes conlleva una serie de momentos, etapas y experiencias con potencial para causar severos impactos desde el punto de vista psicológico y social. Entre ellos están: el inicio de la enfermedad, la comunicación del diagnóstico, los aspectos involucrados en el auto-manejo para lograr el control de la diabetes, los momentos de descompensación metabólica, la aparición de complicaciones, en especial las crónicas, y la interacción de la persona con diabetes con su entorno familiar, social y hasta sanitario.

En los dos tipos de casos que hemos visto, el diagnóstico de una o más complicaciones implica un proceso de asunción y adaptación a la nueva situación de nuestra salud. Una vez emitido el diagnóstico, lo único que nos queda por hacer es encontrar el mejor medio para adaptarnos y enfrentarnos a una situación que nos viene irremediablemente dada. Son las complicaciones visuales, renales y vasculares, además de las neuropatías, las que mayores temores generan y las que mayoritariamente se visualizan como provocadoras de limitaciones y dependencias. La aparición de complicaciones puede vivirse desde el punto de vista psicológico y emocional de forma similar al inicio de la enfermedad, y como una experiencia de pérdida, a consecuencia de la cual sobreviene un proceso de duelo que conlleva significados de limitación y discapacidad. También aparecen con frecuencia sentimientos de culpa en relación con el reconocimiento del papel que ha jugado nuestra conducta y actitud personal respecto a la diabetes; sentimientos que no hacen más que echar leña al fuego del sentimiento de incapacidad y del autocastigo.

Hay diversas formas de afrontar la aparición de algunas de las complicaciones de la diabetes. Teresa nos contaba que por un largo periodo de tiempo disminuyo o, cuando menos, evitaba tener mucha actividad. Tenía miedo a otras recaídas o al empeoramiento de su cuadro “ya un cuadro barroco de patologías”, nos decía sonriendo. Pero la evitación de actividades también conllevaba la reducción de actividades agradables que ayudan a seguir adelante, incluso al aislamiento, con el consiguiente deterioro de las relaciones familiares, sociales y de pareja, así que: “decidí acabar con el autocastigo y me puse a trabajar como antes y, además, empecé a aprender a valorar otras cosas, a disfrutar otras cosas, a interesarme por otras cosas…, que, por cierto, no eran ya solo de trabajo: por ejemplo, me metí en la Asociación de Diabéticos hasta las cejas; ja, ja…”

Ramón, por su parte, lo ha vivido como una experiencia de duelo demasiado frecuente: “es como si, cada X tiempo, perdiera otro poquito de salud, otra pérdida, con sus secuelas crónicas, claro; el puñetero “goteo”, ¡vaya! Esto ahora lo llevo con resignación y disfrutando todo lo que puedo de las pequeñas cosas, pero cuando tenía 40 o 50 años pensaba: ¿por qué tengo que sentirme viejo, con goteras, antes de tiempo?, ¿por qué parece que ahora le llevo 15 años a mi mujer?”. Ramón parece sentirse emocionalmente peor que Teresa, quizá por puro agotamiento. Las reacciones emocionales negativas, que se mantienen en el tiempo tras el duelo del primer momento, conllevan una mayor dificultad de adaptación a la vida social y familiar y también en la actividad laboral, con una disminución de las actividades de ocio para sentirse mejor y, por tanto, una disminución de la autoestima necesaria para sentirse bien consigo mismo; además hay una disminución de la tolerancia a la frustración que le predispone para afrontar con mayor dificultad la aparición de próximas complicaciones, o simplemente de situaciones dolorosas en el futuro.

No obstante el impacto emocional de las complicaciones, para algunas personas puede constituirse en una experiencia que refuerza la adhesión al tratamiento para evitar la aparición de nuevas complicaciones y mejorar su estado de salud. Hay muchas personas con diabetes que logran reestructurar sus procesos de vida y asimilar los cambios vividos en su salud desde un sentido positivo, sostienen sus contactos sociales y desempeños habituales, y viven la experiencia como un reto personal.[…]

Las investigaciones experimentales de diversos psicólogos clínicos sobre las emociones positivas ante la adversidad han demostrado cómo los momentos de felicidad estaban presentes desde los primeros días tras el diagnóstico de una grave enfermedad. Incluso a partir de la tercera semana los sentimientos positivos eran ya más frecuentes que cualquier otro sentimiento tomado aisladamente. Es muy probable que las preocupaciones banales que normalmente ocupan nuestros quehaceres (un ascenso,

una discusión injustificada, tener que ponerse o no insulina, o los análisis de glucemia diarios) queden desplazadas a un segundo plano y pasen a cobrar mayor importancia elementos como los vínculos afectivos y sociales y la propia percepción de mejoría en el estado físico. Teresa siempre tiene un último comentario positivo e inteligente: “es que está en el ADN de nuestra especie, la adaptación es la clave de la evolución humana”, y cuánta razón tiene…

Algo que sabemos sobre las personas felices u optimistas es que valoran la felicidad como algo positivo. Se dan cuenta, se hacen conscientes de que son felices o viven momentos felices, lo llamen así o de otra manera, y lo aprecian. Quienes saben reconocer su importancia casi siempre se empeñan en una búsqueda activa de ella. Estamos seguros/as, lo vemos cada día en ADM ¡ninguna complicación de la diabetes puede pararte la vida si tú no quieres!

Fuente: Revista Entre Todos nº94,

Autora: Ana Tejedor, Asesoría Psicológica A.D.M.

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