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Tratamiento · Dieta y Alimentación · Plan de Nutrición


El plan nutricional entraña hacer cambios y recomendaciones que sean lo bastante razonables como para poder formar parte del modo de vida de la persona promedio.

Los alimentos preferidos y la forma de consumirlos se encuentran arraigados profundamente en nuestro acervo cultural, emocional y fisiológico y en ocasiones nuestra alimentación no está en consonancia con las necesidades reales del organismo, las cuales son limitadas, sino que responde a una conducta que se establece al inicio de la vida y que difícilmente se modifica.
Esto hace que el cumplimiento de la dieta, como conducta terapéutica, sea la más complicada de las que se requieren en el tratamiento y control de la DM.

Las alteraciones radicales en los patrones habituales de la alimentación suelen ser innecesarias y producen cambios grandes en el modo de vida que casi sin duda hacen que fracase el apego al plan de alimentación.

La clave de un buen control y seguimiento de una dieta está en la personalización de la misma.

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El término régimen se asocia tradicionalmente con “prohibición” lo que le confiere una connotación negativa, pero actualmente y en base a la ciencia de la nutrición comprendemos que: “DIETA, no es prohibir sino enseñar a comer sanamente”, lo que lleva implícito más la racionalización que la privación.

La alimentación de una personas con diabetes debe suponer, por tanto, un orden y no una limitación en su vida.

Actualmente no se manejan dietas estándar sino que cada dieta debe diseñarse individualmente basándose en la historia dietética, el estilo de vida, el peso y el tratamiento farmacológico. Y son necesarios para ello datos clínicos, historia dietética e historia social del individuo; porque ello nos permitirá:

– Decidir el aporte calórico según la ingesta habitual y corregirlo según objetivos de peso.
– Determinar la proporción de nutrientes en caso de que existan riesgos o procesos asociados.
– Diseñar el programa de tratamiento global (dieta, ejercicio y medicación) de acuerdo con los objetivos terapéuticos y compatible con el patrón de horarios de comida, de trabajo y su estilo de vida.

Es muy importante mantener constantes la cantidad y la distribución de los HC en relación con el efecto hipoglucemiante de la medicación utilizada, pues la ausencia de sincronización entre la ingesta de HC y la acción insulínica conlleva riesgo tanto de hiper como de hipoglucemia.

La distribución de los HC entre las comidas principales deben sincronizarse con la acción del tipo de insulina empleada y adaptarse lo más posible al patrón natural de comidas.

Y deben evitarse las comidas ”extras” que no están planificadas en la pauta dietética.

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